Calculadoras de salud y nutrición

Ocho calculadoras con fórmulas reconocidas para hacerte una idea de tu punto de partida: peso, gasto energético, reparto de nutrientes e intensidad de entrenamiento. Orientan; no diagnostican.

Qué mide cada cosa (y qué no)

Las cifras de esta sección se malinterpretan a menudo porque parecen medir lo mismo y no es así. El IMC relaciona peso y altura y sirve como cribado rápido de población, no como diagnóstico individual: no distingue el músculo de la grasa. Para eso está la calculadora de grasa corporal, que estima el porcentaje con el método antropométrico de la Marina estadounidense a partir de perímetros corporales, y aporta bastante más información que el IMC en personas entrenadas.

El peso ideal conviene tomárselo como un rango orientativo. Las fórmulas clásicas (Devine, Robinson, Hamwi) nacieron para dosificar medicamentos, no para fijar objetivos estéticos, y entre ellas ya discrepan varios kilos.

Energía: de la base al gasto total

El punto de partida es el metabolismo basal (TMB): lo que tu cuerpo consume en reposo absoluto solo para mantenerse en marcha —respirar, bombear sangre, sostener la temperatura—. Suele ser entre el 60 y el 70 % del gasto total del día.

Multiplicando esa base por un factor de actividad se obtienen las calorías diarias (TDEE), que es la cifra que de verdad sirve para planificar. Ahí está el error más común: casi todo el mundo se sitúa en un nivel de actividad más alto del que le corresponde. «Ejercicio moderado» significa entrenar de verdad tres a cinco días por semana, no caminar hasta el trabajo.

Con el total decidido, la calculadora de macros reparte esas calorías entre proteínas, carbohidratos y grasas según el objetivo. La proteína es la que menos margen admite: se calcula por kilo de peso corporal y es lo que protege la masa muscular cuando se está en déficit. Si tu enfoque es bajo en carbohidratos, en la guía keto de Planeta Keto (nuestro proyecto hermano) tienes el reparto cetogénico explicado y recetas con los macros ya hechos.

Entrenamiento e hidratación

La frecuencia cardíaca máxima y las zonas de entrenamiento traducen el esfuerzo en pulsaciones concretas. Las zonas importan porque cada una entrena algo distinto: las bajas construyen base aeróbica y queman proporcionalmente más grasa, las altas mejoran la capacidad máxima. La fórmula de 220 menos la edad es solo una media estadística, con una dispersión de más de diez pulsaciones entre personas de la misma edad.

El agua diaria recomendada parte del peso corporal y ajusta según la actividad y el clima. Recuerda que buena parte del agua llega con la comida, así que la cifra no equivale a litros de bebida.

Cómo usar estos números sin que jueguen en tu contra

Todas estas fórmulas son estimaciones estadísticas obtenidas de estudios de población. Describen bien a un grupo y solo aproximadamente a un individuo concreto. Lo sensato es usarlas como punto de partida y corregirlas con lo que observes en varias semanas: si el peso no se mueve en la dirección prevista, el ajuste va sobre tus datos reales, no sobre la fórmula.

Y una advertencia que conviene repetir: si estás embarazada, en crecimiento, tienes una patología diagnosticada o tomas medicación, estas cifras no son aplicables sin que las revise un profesional sanitario.

Preguntas frecuentes

¿Estas calculadoras sustituyen a un médico o a un dietista?

No, en ningún caso. Aplican fórmulas de cribado poblacional, pensadas para orientar, no para diagnosticar. Ninguna tiene en cuenta tu historial, tus analíticas, la medicación que tomes ni tu composición corporal real. Si hay un problema de salud de por medio, un embarazo o un cambio importante de dieta o de entrenamiento, la referencia es un profesional sanitario.

¿Por qué el IMC no vale para todo el mundo?

Porque solo relaciona peso y altura, y no distingue el músculo de la grasa ni dónde está repartida. Una persona muy musculada puede salir como «sobrepeso» sin tener exceso de grasa, y alguien con poco músculo puede salir «normal» teniendo demasiada. Tampoco es aplicable a menores de 18 años, que se valoran con percentiles por edad y sexo, ni durante el embarazo.

¿Qué fórmula se usa para las calorías diarias?

La ecuación de Mifflin-St Jeor para el metabolismo basal, que es la que las revisiones científicas señalan como más precisa en población general, multiplicada por un factor de actividad física. Es una estimación estadística: el gasto real de dos personas con los mismos datos puede diferir en un 10 o 15 %, así que conviene ajustarla observando cómo evoluciona tu peso a lo largo de varias semanas.

¿Cuánta agua hay que beber realmente al día?

Las recomendaciones habituales rondan los 30-35 ml por kilo de peso, pero es una cifra orientativa: en ella cuenta también el agua de los alimentos, y la necesidad sube con el calor, el ejercicio o la fiebre. La señal más práctica sigue siendo el color de la orina, que debería mantenerse claro.

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