Contar para ajustarse a un límite
Casi todo lo que se escribe tiene un tope. Un trabajo de clase pide 1.500 palabras, una descripción de producto no puede pasar de 300 caracteres y un meta título se corta a los 60. El contador de palabras actualiza el recuento mientras escribes y añade el dato que casi nunca aparece: el tiempo estimado de lectura, que es lo que de verdad importa cuando el texto va a un blog o a una newsletter.
Cuando el límite se mide en caracteres, el contador de caracteres va marcando sobre la marcha los topes reales de cada sitio —X, Instagram, títulos y descripciones para Google—, así que se ve de un vistazo dónde hay que recortar antes de que lo recorte la plataforma.
Comparar dos versiones del mismo texto
Alguien te devuelve un documento «con un par de cambios» y no dice cuáles. Comparar textos enfrenta las dos versiones y señala línea a línea lo añadido, lo eliminado y lo modificado. Es la forma rápida de revisar la corrección de un artículo, un contrato devuelto por la otra parte o dos exportaciones de una misma configuración.
Limpiar listas y normalizar formato
El trabajo más ingrato con texto es ordenar y depurar listas: correos duplicados, referencias desordenadas, líneas en blanco heredadas de un copiar y pegar. Ordenar y limpiar líneas ordena alfabética o numéricamente, elimina duplicados y quita las líneas vacías de una sola pasada, algo que en una hoja de cálculo cuesta varios pasos.
Para el formato de las letras, convertir mayúsculas y minúsculas pasa un titular escrito con el bloqueo de mayúsculas puesto a una forma legible, o normaliza nombres propios que llegan de una exportación en mayúsculas.
Y quitar acentos y tildes resuelve el problema clásico de los sistemas que no digieren caracteres especiales: nombres de archivo, campos de bases de datos antiguas o identificadores. Si el destino es una dirección web, mejor el generador de slug, que además pasa a minúsculas y sustituye los espacios por guiones.
Todo ocurre en tu navegador
Ninguna de estas herramientas envía tu texto a ningún sitio: se ejecutan enteras en el navegador. Importa más de lo que parece, porque el texto que se pega en un contador suele ser justo lo que no debería circular por servidores ajenos —un borrador sin publicar, una cláusula, la lista de clientes de una exportación—.