Píxeles o porcentaje: dos maneras de pensar lo mismo
Hay dos formas de pedir que una imagen sea más pequeña. Una es en porcentaje: «déjala al cincuenta por ciento». Es cómoda cuando no te importa la medida exacta y solo quieres aligerar, y tiene la ventaja de que funciona igual con cualquier imagen que le eches.
La otra es en píxeles absolutos: «que mida 1200 de ancho». Es la que necesitas cuando alguien te ha dado un requisito —un formulario con un tope, una plantilla, el ancho de columna de tu blog—, porque el porcentaje no sabe nada de ese requisito.
Esta herramienta trabaja en píxeles, que es el lenguaje en el que están escritas casi todas las especificaciones reales. Si lo que quieres es razonar en porcentaje, la traducción es inmediata: mira el ancho original que aparece al cargar la imagen y divídelo. Una foto de 4000 píxeles al cincuenta por ciento son 2000; al veinticinco, 1000.
La proporción viene bloqueada por un motivo
Cada imagen tiene una relación de aspecto: la división entre su ancho y su alto. Si cambias una de las dos medidas sin tocar la otra, esa relación se rompe y la imagen se estira o se aplasta. Las caras se ensanchan, los círculos se convierten en óvalos y el resultado canta a la legua, aunque muchas veces cuesta señalar por qué «se ve raro».
Por eso la opción mantener la proporción viene activada de entrada: al escribir el ancho, el alto se recalcula solo, y al revés. Solo tiene sentido desactivarla en casos muy concretos, como corregir a propósito una imagen que ya venía deformada.
Y una advertencia útil: si necesitas una imagen cuadrada a partir de una foto apaisada, redimensionar no es la operación adecuada. Cambiar las proporciones a la fuerza la deformará. Lo correcto es recortar primero —para eso está recortar imagen— y ajustar el tamaño después.
Reducir es seguro; ampliar es solo un deseo
Reducir consiste en tirar información sobrante y decidir con criterio qué color toma cada píxel nuevo a partir de varios antiguos. Es una operación con red: el resultado suele verse incluso más limpio que el original, porque el remuestreo promedia el ruido.
Ampliar es otra historia. Si una foto tiene 800 píxeles de ancho, el detalle que no quedó registrado en esos 800 píxeles no está en ninguna parte. Estirarla a 1600 obliga a inventar los píxeles intermedios interpolando entre los vecinos, y eso no crea información: reparte la que había sobre una superficie mayor. El resultado es una imagen más grande y más blanda, nunca más detallada.
La conclusión práctica es partir siempre del archivo más grande que tengas. Si te han enviado una miniatura y necesitas un cartel, pide el original en vez de ampliar.
Medidas que vas a necesitar
Avatar o foto de perfil
Entre 400 y 800 píxeles de lado, cuadrado, sobra para cualquier plataforma. Se muestran a tamaños pequeñísimos, así que subir un retrato de doce megapíxeles solo sirve para que el servidor lo reduzca por su cuenta, y no siempre con buen gusto.
Cabecera de web, portada o imagen destacada
Entre 1600 y 1920 píxeles de ancho cubre pantallas grandes sin excesos. Por encima de eso el visitante no gana nada visible y tu página tarda más en cargar, que es justo lo contrario de lo que quieres.
Adjunto de correo o subida a un formulario
De 1200 a 1600 píxeles de ancho permite ver la imagen con comodidad y hasta imprimirla en pequeño, con un peso que ningún buzón rechaza. Es también la medida razonable para fotos que acompañan a un informe o a un parte.
Por qué recortar el ancho a la mitad adelgaza tanto el archivo
Porque el peso no depende del ancho, sino del número total de píxeles, y ese número es el producto de las dos dimensiones. Al reducir el ancho a la mitad, el alto también baja a la mitad si conservas la proporción, de modo que el total se queda en la cuarta parte.
Con números: una foto de 4000 × 3000 son doce millones de píxeles. Llevada a 2000 × 1500 son tres millones, la cuarta parte. Ese salto explica por qué redimensionar es, de largo, la manera más eficaz de aligerar imágenes, muy por delante de retocar la compresión. Si además quieres apurar el peso sin tocar más las dimensiones, encadénalo con comprimir imagen.
Píxeles de pantalla frente a puntos por pulgada
Se confunden constantemente y son cosas distintas. En pantalla, solo cuentan los píxeles: el dato de puntos por pulgada que guarda el archivo es una etiqueta que el navegador ignora por completo. Una imagen de 1200 píxeles se ve igual tenga escrito 72 o 300 en ese campo.
En papel, en cambio, los puntos por pulgada indican cuántos píxeles se apretarán en cada pulgada impresa, y de ahí sale el tamaño físico. A 300 puntos por pulgada, el estándar de calidad, una foto de 10 × 15 centímetros pide alrededor de 1181 × 1772 píxeles y una hoja A4 completa unos 2480 × 3508. Antes de reducir una imagen que vaya a imprimirse, comprueba que no bajas de esas cifras.
Cómo se rehace la imagen, y dónde
El proceso ocurre entero en tu equipo. La imagen se descodifica, se redibuja a las nuevas dimensiones con un remuestreo de alta calidad —el que suaviza los bordes y evita el efecto dentado al reducir— y el resultado se codifica en el formato que elijas: JPG y WebP con los códecs de Squoosh, PNG con el codificador del navegador. Puedes aprovechar el paso para cambiar de formato, igual que harías en convertir imagen.
Nada de eso implica un envío. El archivo se abre desde tu carpeta, se transforma en la memoria de la pestaña y se descarga desde ahí: ninguna copia de tu foto llega a un servidor, ni siquiera de forma temporal. Tienes el resto de utilidades de imagen en la página de herramientas.