Tres encargos cotidianos que acaban en el mismo sitio
Casi nadie busca «convertir JPG a PDF» por curiosidad técnica. Se busca porque alguien ha pedido un documento y lo único que tienes son fotos. Estos son los tres casos que se repiten sin descanso.
El DNI o el carné fotografiado con el móvil
Te piden «una copia por las dos caras, en un solo archivo». Tienes dos JPG en el carrete. Unirlos en un PDF de dos páginas es exactamente lo que resuelve el trámite, y de paso evita que el anverso y el reverso se separen por el camino.
El justificante, el recibo o el ticket
La gestoría, la aseguradora o el departamento de gastos rara vez aceptan fotos sueltas. Quieren un PDF por expediente. Fotografías los papeles, los pasas a un único documento en el orden correcto y lo envías: un archivo, un asunto, cero confusión.
El álbum, el porfolio o el dosier visual
Aquí el PDF gana por otra razón: fija el orden y el diseño. Quien lo abra verá las imágenes en la secuencia que decidiste, con el mismo aspecto en cualquier ordenador, sin depender de cómo ordene los archivos su carpeta.
El orden de las miniaturas es el orden de las páginas
Es la regla que más disgustos ahorra. Al añadir las imágenes verás una fila de miniaturas con flechas para moverlas: lo que veas ahí es literalmente el documento final, una página por imagen.
No des por hecho que el orden alfabético de los archivos es el que quieres. Las cámaras y los móviles nombran las fotos por fecha de captura, así que un documento fotografiado dos veces —porque la primera salió movida— puede colarse en el sitio equivocado. Revisa las miniaturas antes de generar el PDF; corregir después cuesta más que mirar diez segundos. Puedes mezclar JPG y PNG en el mismo documento sin problema, algo práctico cuando combinas fotos con capturas de pantalla.
Ajustar a la imagen o A4: la decisión que más cambia el resultado
La herramienta te da dos modos y conviene entender qué hace cada uno, porque el archivo que sale es muy distinto.
Ajustar a la imagen crea cada página con las dimensiones exactas de su foto. No hay márgenes ni espacio sobrante, y la orientación la marca la propia imagen: una foto apaisada genera una página apaisada. Es el modo natural para álbumes, capturas de pantalla y cualquier PDF pensado para verse en pantalla, donde una hoja en blanco alrededor solo estorba. El inconveniente aparece al imprimir: si mezclas fotos verticales y horizontales, el documento tendrá páginas de tamaños distintos y la impresora hará lo que pueda.
A4 centra cada imagen dentro de una hoja A4 vertical, escalándola sin deformarla hasta que quepa. Eso deja un margen blanco alrededor —mayor o menor según la proporción de la foto— y garantiza que todas las páginas midan lo mismo. Es el modo correcto para trámites, entregas y todo lo que vaya a acabar en papel: el resultado se parece a un documento y no a un carrete de fotos.
Como norma rápida: si el destino es una impresora o una ventanilla, A4. Si el destino es una pantalla, ajustar a la imagen.
Cuántos píxeles necesita una foto que vas a imprimir
El PDF no tiene una resolución propia: la nitidez sale de los píxeles que traiga cada imagen repartidos sobre el tamaño de la página. Por eso conviene tener en la cabeza dos cifras de referencia para una hoja A4 completa:
- Unos 1240 × 1754 píxeles equivalen a 150 puntos por pulgada. Es suficiente para leer un documento impreso en una impresora doméstica.
- Unos 2480 × 3508 píxeles equivalen a 300 puntos por pulgada, el estándar de imprenta. Por encima de ahí solo estás engordando el archivo.
Cualquier móvil actual supera de sobra ese segundo umbral, así que el riesgo real no es quedarse corto sino pasarse: diez fotos de doce megapíxeles generan un PDF pesadísimo para lo que quiere ser un simple justificante. Si el correo te rechaza el adjunto, tienes dos salidas: reducir las fotos antes con redimensionar imagen, o pasar el documento terminado por comprimir PDF.
Y un aviso sobre la iluminación, que no arregla ningún software: una foto de un papel tomada a contraluz o con sombra encima seguirá siendo ilegible por muchos megapíxeles que tenga.
Qué hace pdf-lib con tus fotos
El montaje lo realiza pdf-lib, una biblioteca de código abierto que construye documentos PDF desde cero. Cada imagen se incrusta con su formato nativo, JPG o PNG, sin volver a codificarla: los bytes de tu foto entran tal cual en el documento. Por eso la conversión no degrada la calidad y por eso es tan rápida, incluso con muchas imágenes.
Después se crea una página por imagen —con las medidas de la foto o con las de un A4, según lo que hayas elegido—, se coloca la imagen y se serializa el documento final.
Todo ese trabajo sucede dentro de la pestaña del navegador. Tus fotos se leen desde el almacenamiento del dispositivo y el PDF se ensambla en memoria: no hay envío, no hay carpeta temporal en un servidor ajeno y no hay copia que caduque dentro de una hora. Cuando lo que estás fotografiando es tu documento de identidad o una factura con tu dirección, esa diferencia importa bastante.
¿Necesitas el camino inverso, sacar las páginas de un PDF como imágenes? Eso lo hace PDF a JPG. Y si el documento se te ha quedado con páginas de más, están eliminar páginas y ordenar páginas en la página de herramientas.