PNG a JPG

¿Tus capturas y tus fotos en PNG pesan demasiado para enviarlas? Pásalas a JPG y quédate con una fracción del tamaño, sin instalar nada y sin que las imágenes salgan de tu navegador.
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El pantallazo que pesa cinco megas

Windows, macOS y casi todas las aplicaciones de captura guardan por defecto en PNG. Mientras la imagen vive en tu escritorio da igual, pero en cuanto intentas adjuntar veinte capturas a un correo, subirlas a un gestor de incidencias o mandarlas por mensajería, el problema se hace evidente: un PNG a pantalla completa ronda con facilidad los tres o cinco megabytes, y ese mismo contenido en JPG se queda en unos pocos cientos de kilobytes.

Con las fotografías pasa lo mismo. Escáneres, cámaras y algunos editores exportan a PNG «por si acaso», el archivo se dispara y la imagen no se ve mejor a simple vista. Aquí la conversión se resuelve al vuelo: el PNG se descodifica en memoria, se dibuja sobre un lienzo y se vuelve a codificar como JPG dentro de la propia pestaña. En ningún momento hay una subida: la red no interviene.

Por qué el JPG ocupa tantísimo menos

Los dos formatos parten de ideas opuestas. El PNG comprime sin pérdida: almacena el valor exacto de cada píxel y solo puede ahorrar espacio aprovechando repeticiones y patrones. En una fotografía, donde apenas hay dos píxeles iguales seguidos, ese margen es mínimo.

El JPG comprime con pérdida, y de ahí viene su ventaja. Divide la imagen en bloques y descarta la información que peor percibe el ojo humano: variaciones finísimas de color y detalle enterrado en zonas de mucha textura. El resultado es casi indistinguible del original a tamaño normal, con una fracción del peso. Por eso el JPG sigue siendo el formato de las fotos treinta años después.

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La transparencia se rellena, y suele ser de blanco

Este es el detalle que conviene entender antes de pulsar el botón: el JPG no admite canal alfa. El píxel transparente sencillamente no existe en su especificación. Cuando conviertes un PNG con zonas transparentes, esas zonas tienen que rellenarse con algo, y lo habitual es rellenarlas de blanco.

En la práctica: un logotipo recortado sobre fondo transparente pasa a llevar un rectángulo blanco pegado. Si va a acabar sobre una web de fondo claro, nadie lo notará; si lo colocas sobre un fondo oscuro o de color, el recuadro cantará muchísimo. Piensa dónde va a terminar la imagen antes de decidir el formato.

Cuándo no deberías convertir

  • Logotipos e iconos que necesiten fondo transparente: al pasar a JPG pierdes justo lo que los hace útiles.
  • Capturas con texto pequeño: la compresión ensucia los bordes de las letras y la interfaz queda con un aspecto turbio, difícil de leer.
  • Gráficos planos y diagramas con grandes áreas de color liso: el PNG los comprime muy bien, así que el JPG a veces ni siquiera ahorra peso y encima añade ruido alrededor de las líneas.
  • Imágenes que aún vas a editar: cada nuevo guardado en JPG suma pérdida a la anterior. Trabaja en PNG y exporta a JPG solo al final.
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Calidad y artefactos: dónde está el punto de equilibrio

La compresión JPEG se regula con un valor de calidad. Cuanto más lo bajas, menos pesa el archivo y más aparecen los llamados artefactos: halos alrededor de bordes nítidos, cuadraditos visibles en cielos y degradados, y manchas de color en zonas de tono uniforme. Entre el 75 % y el 85 % suele estar el punto dulce para fotografía: el ahorro es enorme y el ojo no distingue el original. Por debajo del 60 % la degradación empieza a saltar a la vista.

Los artefactos son acumulativos e irreversibles: reabrir un JPG y volver a guardarlo lo degrada un poco más cada vez, aunque no toques nada de la imagen.

Si el JPG no acaba de encajarte

Para publicar en una web moderna, el PNG a WebP da menos peso que el JPG conservando la transparencia. Si lo que quieres es aligerar un JPG que ya tienes, ve a comprimir imagen; y si el problema es que la foto es enorme en píxeles, empieza por redimensionarla. El camino de vuelta está en JPG a PNG, y el conversor de imágenes reúne todos los formatos en una sola pantalla.

Preguntas frecuentes

¿Qué le ocurre a la transparencia de mi PNG?

Desaparece. El JPG no tiene canal alfa, así que las zonas transparentes se rellenan con un color de fondo, normalmente blanco. Si el PNG era un logotipo recortado, aparecerá dentro de un rectángulo blanco.

¿Cuánto va a adelgazar el archivo?

Depende del contenido. Una fotografía guardada en PNG suele quedarse entre el 10 % y el 20 % de su peso original; una captura de pantalla con muchas zonas de color liso baja menos, y un gráfico plano incluso puede engordar, porque el PNG ya lo comprimía muy bien.

¿Puedo volver a PNG si no me gusta el resultado?

Puedes rehacer el archivo, pero no recuperar lo perdido. Al convertir a PNG de nuevo obtendrás un archivo sin pérdida de una imagen que ya la sufrió: los artefactos siguen ahí y el peso vuelve a subir. Guarda siempre el PNG original hasta estar seguro.

¿Por qué mi captura de pantalla se ve sucia en JPG?

Porque la compresión JPEG trabaja peor con los bordes duros. Alrededor del texto y de las líneas finas de una interfaz deja un ligero halo de píxeles descoloridos. Para pantallazos con texto pequeño, lo razonable es quedarse en PNG.

¿Mis imágenes acaban en algún servidor vuestro?

No existe tal envío. Todo el trabajo lo hace el motor gráfico de tu propio navegador dentro de la pestaña abierta: nosotros no recibimos el archivo, ni siquiera su nombre, porque nunca llega a salir de tu equipo.

¿Se pueden convertir varias imágenes de golpe?

Sí. Suelta todos los PNG que quieras sobre la zona de carga y descarga los JPG uno a uno cuando terminen. No hay límite de archivos, ni registro, ni marcas de agua.

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