Siete letras para contarlo todo
El sistema romano no tiene diez cifras como el nuestro: tiene siete letras del alfabeto latino con un valor fijo. I vale 1, V vale 5, X vale 10, L vale 50, C vale 100, D vale 500 y M vale 1.000. Las tres últimas se recuerdan bien porque coinciden con la inicial de la palabra latina: centum para cien y mille para mil.
Los símbolos se leen de izquierda a derecha sumando: MMXXV es 1.000 + 1.000 + 10 + 10 + 5, o sea 2.025. Y se ordenan siempre de mayor a menor valor. Como no existe la posición decimal, tampoco hace falta el cero: en romano no se escribe «doscientos cinco» con un hueco en medio, simplemente se encadenan CC y V.
La resta: la única excepción al orden
Para no arrastrar cadenas como IIII o VIIII, el sistema clásico introdujo la notación sustractiva: cuando una letra menor se coloca delante de otra mayor, se resta en lugar de sumarse. Solo existen seis combinaciones válidas, y conviene aprendérselas de memoria porque el resto no vale:
- IV = 4 y IX = 9
- XL = 40 y XC = 90
- CD = 400 y CM = 900
Fíjate en el patrón: solo restan I, X y C (las letras que valen una potencia de diez), y solo ante las dos letras que las siguen en la escala. V, L y D no restan nunca. Por eso 1984 se descompone en M + CM + LXXX + IV y se escribe MCMLXXXIV.
Los cuatro fallos que delatan a un aficionado
Repetir una letra cuatro veces. IIII, XXXX o CCCC no son válidos: el máximo son tres repeticiones seguidas, y por eso existen IV, XL y CD. La excepción es puramente ornamental, la del cuadrante de muchos relojes de torre, que prefiere IIII por simetría visual con el VIII del lado opuesto.
Restar a lo grande. IC para 99 o IM para 999 parecen ingeniosos y son incorrectos: la resta salta como mucho un escalón y medio en la escala. El 99 se escribe XCIX (90 + 9) y el 999, CMXCIX.
Restar dos veces la misma letra. IIX no es 8; el 8 es VIII. Y tampoco se encadenan dos restas seguidas dentro del mismo orden de magnitud.
Confundir V y U, o I y J. En inscripciones antiguas la V hace de U y la I de J, lo que lleva a leer mal fechas grabadas en fachadas. Si copias una cifra de un monumento, pásala por el conversor para comprobarla.
Por qué se acaba en 3.999
Con las siete letras y las seis restas, el número más alto representable es MMMCMXCIX: tres mil novecientos noventa y nueve. Para ir más allá los romanos trazaban una línea horizontal sobre el símbolo —el vínculo— que multiplicaba su valor por mil, de modo que una V con raya valía cinco mil. Como esa raya no se escribe con un teclado normal ni aparece en documentos modernos, lo habitual es que cualquier conversor se detenga en 3.999.
Dónde los sigues encontrando en 2026
- Siglos: siglo XX, siglo XXI. Recuerda que el año 1789 pertenece al siglo XVIII, porque cada siglo termina en el año acabado en dos ceros.
- Reyes y papas: Felipe VI, Carlos III, Juan Pablo II. Se leen como ordinales hasta el décimo («Alfonso décimo») y como cardinales a partir de ahí («Luis catorce»).
- Capítulos, tomos y actos: los libros y las obras de teatro numeran así sus divisiones mayores, y los prólogos usan romanos en minúscula.
- Relojes y monumentos: esferas, lápidas, primeras piedras y fechas de fundación grabadas en piedra.
- Cine y deporte: secuelas, ediciones de los Juegos Olímpicos y la Super Bowl, además del año de copyright en los créditos finales.
Escribe la cifra arábiga o el romano y la conversión aparece al momento, con aviso si la forma no es canónica. ¿Te interesan otros sistemas de numeración? Prueba el conversor de bases (binario, octal, hexadecimal) o el conversor de números a letras. Si andas con fechas históricas, tienes también la calculadora de días entre fechas. El catálogo entero está en herramientas de archivos.