Del JSON de una API a una hoja de cálculo
JSON domina el intercambio de datos entre programas: es lo que devuelven las APIs, lo que exportan muchas aplicaciones y lo que guardan infinidad de configuraciones. El problema llega cuando esos datos los tiene que mirar una persona para filtrarlos, ordenarlos, cruzarlos o convertirlos en un gráfico. Ahí la herramienta natural es la hoja de cálculo, y el idioma que entienden todas las hojas de cálculo es el CSV. Este conversor toma un array de objetos JSON y lo transforma en una tabla CSV al momento, sin instalar nada y sin que tus datos salgan del navegador.
La entrada ideal es un array de objetos, por ejemplo [{"nombre":"Ana","edad":31},{"nombre":"Luis","edad":28}]. Cada objeto pasa a ser una fila y cada clave, una columna: ese ejemplo genera la cabecera nombre,edad y dos filas de datos. Si los objetos no comparten exactamente las mismas claves, se crea una columna por cada clave que aparezca en cualquiera de ellos y las celdas que falten quedan vacías, sin descuadrar la tabla.
Coma o punto y coma: por qué Excel «rompe» los CSV
CSV significa comma-separated values y el estándar usa la coma como separador, que es lo que genera esta herramienta. Pero Excel configurado en español espera punto y coma, porque aquí la coma ya está ocupada como separador decimal (3,14). La consecuencia es un clásico: haces doble clic en un CSV perfectamente válido y todo aparece amontonado en la columna A.
- En Excel, no abras el archivo a ciegas: entra por «Datos → Obtener datos → De texto/CSV», elige la coma como delimitador y UTF-8 como codificación, y la tabla se cargará perfecta.
- En Google Sheets y LibreOffice Calc el delimitador se detecta automáticamente o se elige al importar, así que rara vez hay problema.
Lo que una tabla no puede contar
JSON es jerárquico: un campo puede contener otro objeto y este, a su vez, una lista. CSV solo tiene filas y columnas. Cuando el conversor encuentra un valor anidado —por ejemplo, una dirección con calle y ciudad dentro de cada cliente— no puede desplegarlo en dos dimensiones, así que lo serializa como texto JSON dentro de su celda. No se pierde información, pero la hoja de cálculo lo tratará como una cadena; si necesitas esas subcolumnas, aplana la estructura antes de convertir.
Con los tipos ocurre algo parecido. En JSON un número, un booleano y un texto son cosas distintas; en un CSV todo son caracteres, y es la hoja de cálculo la que después intenta adivinar qué hay en cada celda. Vigila los códigos postales que empiezan por cero o los identificadores muy largos: conviene importarlos como texto para que Excel no les quite ceros ni los redondee.
Comillas, comas y saltos de línea dentro de los datos
Si un valor contiene una coma, comillas o un salto de línea, un CSV ingenuo se descuadraría. La conversión aplica las reglas del formato estándar: entrecomilla el valor completo y duplica las comillas interiores, de modo que «García, Ana» ocupa una única celda en lugar de partirse en dos columnas.
¿Es un viaje de ida y vuelta?
Casi. Si tus objetos eran planos (texto, números, booleanos), puedes reconstruir la tabla original con CSV a JSON, aunque los valores volverán como texto y tendrás que reinterpretar los tipos. Los campos anidados, en cambio, regresarán como cadenas JSON dentro de la celda. Por eso, si el destino final es otro programa y no una hoja de cálculo, valora quedarte en JSON y simplemente ordenarlo o validarlo, en lugar de pasar por CSV.
Herramientas relacionadas
Antes de convertir, revisa que el JSON sea válido con el formateador de JSON o compáctalo con el minificador de JSON; para el camino contrario tienes CSV a JSON. Encuentra el resto en herramientas de archivos.